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Trauma psicológico: qué es, tipos, síntomas y cómo se trata

Actualizado: 24 may

Cuando pensamos en un trauma psicológico, a veces la gente imagina automáticamente situaciones extremas: una guerra, un accidente grave, una agresión física... Sin embargo, el trauma psicológico puede aparecer también después de experiencias menos “visibles” que a veces se han normalizado. Estaríamos hablando de situaciones en que una persona se siente desbordada, sola, en peligro o sin recursos para afrontar lo que está viviendo.


Muchas personas llegan a terapia diciendo frases como: “No sé si lo mío fue para tanto”, “quizás estoy exagerando”, “otras personas han vivido cosas peores”. Pero el trauma no se define únicamente por lo que ocurrió, sino por cómo lo vivió el Sistema Nervioso y por las consecuencias que deja en la vida de esa persona.


Si sientes que quizás lo que has vivido puede haber tenido consecuencias en tu vida, o quizás aún no lo tienes del todo claro, te invito a seguir leyendo. En este artículo queremos explicarte más acerca de qué es el trauma psicológico, qué tipos existen, cuáles son sus síntomas más frecuentes, qué es lo que ocurre en nuestro Sistema Nervioso y cómo se trabaja en psicoterapia.


1. Qué es el trauma psicológico: Definición y qué no es trauma

El trauma psicológico es una herida emocional con consecuencias neurofisiológicas. Consideramos que un evento es traumático cuando la persona vive una experiencia que supera su capacidad de afrontamiento. En ese momento, el cerebro y el Sistema Nervioso perciben una amenaza tan intensa que no logran procesar de forma adecuada. 


El trauma no depende únicamente del acontecimiento en sí o de lo grave que sea, ya que dos personas pueden vivir una misma situación y reaccionar de forma completamente diferente (una tener trauma y la otra no). Que un evento se convierta en traumático va a depender de:


  • Cómo reacciona el entorno de la persona, si tiene o no apoyo emocional.

  • La capacidad de regulación y sensibilidad de su Sistema Nervioso.

  • La vulnerabilidad acumulada y las experiencias previas.

  • La sensación de inseguridad o desprotección.


El trauma ocurre cuando una experiencia desborda los recursos internos y relacionales disponibles para gestionarla. Cuando el cerebro no puede integrar lo que está pasando de forma coherente, lo almacena de manera fragmentada: imágenes, sensaciones corporales, emociones intensas que quedan "congeladas" en el tiempo, sin narrativa, sin contexto, sin cierre.


El trauma psicológico es la respuesta del Sistema Nervioso ante una experiencia que supera la capacidad de integración del individuo en ese momento. No define el evento, sino el impacto que ese evento deja en el funcionamiento emocional, cognitivo, corporal y relacional de la persona.


Qué no es trauma

No toda experiencia dolorosa genera trauma. Sentir tristeza, miedo o estrés después de una situación difícil es una respuesta humana normal. Una ruptura amorosa difícil, una etapa de estrés laboral o un duelo que se atraviesa con apoyo suficiente, pueden generar sufrimiento sin convertirse en trauma. La diferencia está en si el Sistema Nervioso logra procesarlo y recuperar el equilibrio, o si queda atrapado en un estado de activación o colapso que persiste en el tiempo. 


Esto no significa minimizar estas experiencias de dolor ni restarles importancia. Solo hace referencia a que el trauma tiene características específicas que lo distinguen de otras formas de sufrimiento y que requieren un abordaje terapéutico diferente.


De la misma forma, una ruptura, un duelo, o determinadas vivencias laborales pueden ser a su vez traumáticas si el Sistema Nervioso de la persona no es capaz de integrarlas correctamente. 

sufrimiento por trauma complejo y disociación

2. Tipos de trauma psicológico


Trauma simple (TEPT)

El trauma simple aparece después de un acontecimiento concreto y delimitado en el tiempo que genera una sensación intensa de amenaza o peligro. Se trata de un evento único, delimitado en el tiempo. Hay un "antes" y un "después" bien identificados.

Algunos ejemplos:

  • Un accidente de tráfico.

  • Una agresión.

  • Una catástrofe natural.

  • Una intervención médica traumática.

  • La muerte inesperada de un ser querido.

  • Haber presenciado violencia.


Después de este tipo de experiencias, algunas personas desarrollan síntomas de estrés postraumático (TEPT): pesadillas, recuerdos intrusivos, hipervigilancia o evitación.


El trauma complejo (C-PTSD o TEPT-C) aparece cuando las experiencias traumáticas son repetidas, prolongadas o ocurren dentro de relaciones significativas: malos tratos físicos y emocional, negligencia, violencia de género…  Afecta la identidad, la regulación emocional y la capacidad de vincularse.


Suele ocurrir en la infancia, a menudo en el contexto familiar. Aunque también puede desencadenarse en la edad adulta, en muchos casos estaríamos hablando de trauma de la infancia en adultos. 


No siempre hay un evento único visible, lo que hace que muchas veces estas heridas no sean fáciles de identificar por la persona: como no siempre hay experiencias de violencia física o situaciones extremas, la persona tiende a normalizar y minimizar los acontecimientos que ha vivido. Algunas personas han crecido en entornos aparentemente normales, pero emocionalmente inseguros.

Por ejemplo:

  • Haber crecido con críticas constantes.

  • Sentirse ignorado emocionalmente.

  • Vivir con miedo al enfado de los padres.

  • Tener que madurar demasiado rápido.

  • Aprender a reprimir emociones para sobrevivir.

  • Haber sufrido bullying o rechazo social.

  • Padres o madres narcisistas; padres emocionalmente inmaduros.

  • Vivir relaciones impredecibles o inestables.

  • Humillación o invalidación constantes.

  • Crecer siendo la oveja negra de la familia.

  • Crecer en una casa en la que sientes que no te quieren.

Con el tiempo, estas experiencias pueden alterar profundamente la autoestima, la regulación emocional y la sensación de seguridad.


Trauma relacional o trauma vincular

La herida proviene de alguien en quien se confiaba: los padres, las figuras de cuidado, una pareja, los amigos... Daña especialmente la capacidad de confiar y de sentirse seguro en la intimidad y las relaciones con los demás.


El trauma complejo es el tipo de trauma menos reconocido. Muchas personas que consultan por ansiedad crónica, enfermedades psicosomáticas, dificultades relacionales, baja autoestima o sensación persistente de no ser suficiente tienen en la raíz un trauma de este tipo que nunca fue nombrado como tal.


3. Cómo responde el Sistema Nervioso al trauma

Para entender el trauma hay que entender cómo responde el Sistema Nervioso ante una amenaza, ya que el trauma implica también una respuesta fisiológica de supervivencia:  Cuando el cerebro detecta peligro, activa una secuencia de respuestas de supervivencia que son automáticas e involuntarias: lucha, huida o congelación. Nadie decide qué estrategia de supervivencia activa su cerebro, sino que estas ocurren antes de que el pensamiento consciente pueda intervenir. 


Cuando nuestro cerebro no es capaz de integrar la experiencia que hemos vivido (trauma), el Sistema Nervioso se queda atascado en esa respuesta de supervivencia, incluso después de que el peligro haya terminado. Por eso, muchas personas con trauma sienten que viven permanentemente “en alerta” o, por el contrario, completamente desconectadas y disociadas. 


La ventana de tolerancia: las respuestas de supervivencia, hiperactivación e hipoactivación

El concepto de "ventana de tolerancia" describe la zona de activación del Sistema Nervioso en la que una persona puede funcionar, relacionarse y procesar la experiencia de forma estable. Cuando estamos dentro de nuestra ventana de tolerancia: 

  • Podemos pensar con claridad.

  • Regular emociones.

  • Tomar decisiones.

  • Relacionarnos.

  • Sentirnos seguros.


Las experiencias traumáticas reducen nuestra capacidad de regulación y sensibiliza nuestro Sistema Nervioso, haciendo que nos salgamos más fácilmente de la ventana de tolerancia y tengamos problemas para regularnos. 


ventana de tolerancia para el trauma TEPT y trauma complejo TEPTC

Muchas personas con trauma sin sanar tienen una mayor sensibilidad o una ventana de tolerancia muy estrecha. Esto hace que muchos estímulos normales se asocien (de forma consciente o no) con la experiencia traumática, generando reacciones repentinas que parecen desproporcionadas pero que tienen una lógica perfectamente comprensible desde la neurobiología del trauma.


El estudio de autores tan importantes como Bessel Van der Kolk, la teoría polivagal de Stephen Porges, Pat Ogden, o la teoría de la disociación estructural de Van der Hart, Steele y Nijenhuis nos ayuda a entender por qué el sistema nervioso responde al trauma de formas tan distintas en cada persona 


La disociación

La disociación es una respuesta frecuente en el trauma. Consiste en una desconexión parcial o total de la experiencia emocional, corporal o mental. La persona puede olvidar recuerdos completos o parte de ellos, o incluso no recordar eventos importantes de su vida (ej: no tener recuerdos hasta los 12 años).


Es un mecanismo de supervivencia que aparece cuando la experiencia traumática resulta demasiado abrumadora. La persona puede sentir en su día a día:

  • Que está desconectada de sí misma.

  • Sensación de irrealidad.

  • Dificultad para conectar emocionalmente.

  • Dificultad para prestar atención o mantener la concentración.

  • Sensación de estar “anestesiada”.

  • En algunos casos extremos, la persona puede tener la sensación de verse fuera de su cuerpo, decir o hacer cosas que luego olvida (por ejemplo en una explosión de ira o de ansiedad) o sentir que su cuerpo no es suyo.


4. Síntomas de trauma psicológico 

Los síntomas de trauma psicológico en adultos pueden ser muy variados y afectar prácticamente todas las áreas de la vida.

Físicos

  • Tensión muscular crónica.

  • Fatiga persistente.

  • Problemas de sueño: insomnio, despertarse en mitad de la noche, pesadillas…

  • Dolor sin causa orgánica.

  • Problemas digestivos.

  • Hipervigilancia sensorial.

  • Sensación de peligro constante.

  • Cistitis de repetición.

  • Fibromialgia.

Emocionales

  • Síntomas depresivos: tristeza que no sé de dónde viene, fatiga, problemas de sueño, apatía, dificultad para sentir alegría…

  • Flashbacks y recuerdos intrusivos.

  • Vergüenza crónica.

  • Sentimiento de Culpa: tendencia a culparse por todo.

  • Ansiedad generalizada.

Relacionales

  • Dificultad para confiar.

  • Miedo al abandono.

  • Quedarte en relaciones que te hacen daño.

  • Aislamiento social.

  • Reacciones desproporcionadas.

  • Hipersensibilidad al rechazo.

  • Dificultad en la intimidad.

  • Vínculos inestables o evitación.

Muchas personas que no identifican el trauma como el origen de sus síntomas, a veces consultan por: insomnio, problemas de pareja, dependencia emocional, ansiedad crónica, dificultad para concentrarse... 



5. Consecuencias del trauma psicológico no tratado

El trauma no tratado no desaparece solo con el tiempo. Si el trauma no se procesa, el material traumático sigue almacenado y activándose en diferentes situaciones, manteniendo el Sistema Nervioso en un estado de estrés crónico que puede dar lugar a una pérdida de la calidad de vida y generar deterioro en la salud física. Existe una estrecha relación entre el trauma y el desarrollo de enfermedades psicosomáticas: SIBO, síndrome de intestino irritable, migraña crónica, amenorrea hipotalámica funcional, fibromialgia, dolor crónico, artritis reumatoide…


Con el tiempo los síntomas se agravan y con frecuencia el trauma se expresa de formas indirectas con las que, a simple viste, muchas personas no encuentran relación: a través del cuerpo en forma de enfermedades crónicas o síntomas somáticos; patrones en sus relaciones de pareja (quedar atrapada en relaciones que hacen daño, dependencia emocional…) y trastornos de apego; baja autoestima… El trauma no tratado también se asocia con mayor riesgo de desarrollar depresión, trastornos de ansiedad, problemas en la sexualidad, etc. 


Transmisión intergeneracional La investigación en epigenética y apego ha demostrado que el trauma no procesado puede transmitirse a la siguiente generación a través de los patrones de crianza, el tipo de vínculo que establecemos con nuestros hijos y tener consecuencia en la salud física y mental de las siguientes generaciones mediante mecanismos epigenéticos. Trabajar el propio trauma es también, en parte, un acto de amor hacia las generaciones que vienen.

6. Cómo se trabaja el trauma en psicoterapia

El cuerpo y el sistema nervioso necesitan ser parte del proceso terapéutico, siendo de vital importancia trabajar a un ritmo que el Sistema Nervioso puede tolerar, sin forzar la exposición y evitando que se den procesos de retraumatización.


La seguridad terapéutica es la condición sin la cual el trabajo de trauma no puede ocurrir.

Terapia EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares) 

Desarrollada por Francine Shapiro, es uno de los enfoques más reconocidos y respaldados por la evidencia para el tratamiento del trauma. Se trata de un abordaje psicoterapéutico que incluye la estimulación bilateral (movimientos oculares, tapping, sonido alternante) para facilitar el reprocesamiento de recuerdos traumáticos almacenados de forma disfuncional.


Terapia IFS (Internal Family Systems o Sistemas de Familia Interna) 

Desarrollada por Richard Schwartz, trabaja con las diferentes partes del psiquismo que surgieron como respuesta adaptativa al trauma: las defensas, las que guardan el dolor del trauma, las que actúan impulsivamente para acallar el sufrimiento... El objetivo es aprender a establecer una relación diferente con todas las partes de nuestro mundo interno desde la compasión y liberar la carga de las experiencias traumáticas.


Terapia somática 

Al hablar de terapia somática para el trauma, se hace referencia a aquellos abordajes que incluyen el cuerpo en la integración de la memoria traumática o para liberar las respuestas de supervivencia que quedaron interrumpidas como Somatic Experiencing (Peter Levine) y Terapia Sensoriomotriz (Pat Ogden).


¿Cuánto dura el proceso?

Uno de los aspectos que más preguntan quienes consideran iniciar una terapia de trauma es la duración. La respuesta honesta es: depende.

Un trauma simple bien delimitado puede trabajarse en procesos más breves, pero las experiencias de trauma complejo requieren procesos más largos para poder construir resultados estables de forma segura.


Lo que sí puede decirse es que en el delicado trabajo con trauma, el proceso importa más que la velocidad. Forzar el proceso o intentar "sacar" el material traumático sin la suficiente estabilidad y recursos es contraproducente y puede ser retraumatizante, pudiendo agravar la sintomatología. La terapia de trauma respetuosa trabaja en los bordes de la ventana de tolerancia, construyendo recursos antes de acercarse al material más difícil y avanzando siempre al ritmo que marca el Sistema Nervioso de cada persona.



Nuestro enfoque

En nuestra clínica trabajamos el trauma con un enfoque especializado y respetuoso, integrando EMDR, IFS y terapias somáticas de manera individualizada en función de las necesidades de cada caso en concreto, de forma que sea lo más efectivo posible.


Todos los psicólogos del equipo cuentan con un alto nivel de especialización en trauma, trauma complejo y disociación, para acompañar hasta los casos más graves.







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Dar el primer paso puede ser difícil. Nuestro equipo de psicólogos está

aquí para acompañarte, respetando tu ritmo y adaptándonos a tu caso.



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Referencias bibliográficas

-Bisson, J. I., et al. (2007). Psychological treatments for chronic post-traumatic stress disorder: Systematic review and meta-analysis. British Journal of Psychiatry, 190, 97–104.

-Ford, J. D., et al. (2005). Treatment of complex post- traumatic self dysregulation. Journal of Traumatic Stress, 18, 437–447.

-Forgash, C., y Copeley, M. (Eds.). (2008). Healing the heart of trauma and dissociation with EMDR and ego state therapy. New York: Springer.

-Van der Kolk, B. A. (2014). The body keeps the score: Brain, mind and body in the healing of trauma. New York: Penguin.

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